Resumen
El crecimiento constante de los costos en salud es un fenómeno macroeconómico reconocido desde hace décadas. Varias métricas muestran cómo, en países de altos, medios y bajos ingresos, la proporción del producto interno bruto (PIB) que se invierte en la prestación de servicios de salud, tanto gasto público como privado, tiende a crecer año tras año. Una de las razones es el componente del gasto en salud que representan los productos farmacéuticos, que es cada vez mayor.
En general, se dice que cada nueva familia terapéutica, al entrar al mercado, tiene un costo que es de un orden de mayor magnitud que el del fármaco que busca remplazar. Las razones que aduce la industria farmacéutica para este incremento progresivo son múltiples: cada vez son más exigentes los requisitos que las agencias regulatorias piden de los estudios clínicos, así como la posterior farmacovigilancia necesaria para evaluar su seguridad. A eso hay que agregar que las nuevas moléculas tienden a ser cada vez más complejas, más difíciles de sintetizar.
La medicina personalizada, que busca medicamentos que se ajusten mejor a cada paciente específico, reduce el nicho al que un fármaco está dirigido, haciendo que el costo individual deba ajustarse hacia arriba. Esto es particularmente cierto en medicamentos oncológicos o en aquellos dirigidos a pacientes con enfermedades raras, en quienes, además, se han logrado incrementos significativos de supervivencia, con medicamentos que se deben suministrar de por vida. Los avances terapéuticos que se han visto en las últimas décadas en enfermedades neurológicas como epilepsia, migraña o esclerosis múltiple, se han acompañado de un incremento importante en los costos por paciente-año.
Pero no todo el incremento del gasto en salud se puede atribuir a los nuevos desarrollos tecnológicos. Un público mejor informado de sus derechos, así como de las posibilidades terapéuticas y diagnósticas para sus condiciones de salud, también ejerce una presión importante sobre la demanda de servicios. El internet y las redes sociales, que no son siempre fuentes de información veraz, han sido elementos cómplices de esta demanda creciente de servicios especializados, muchas veces de alta complejidad; y está, por supuesto, la influencia de la transición demográfica; el incremento de la esperanza de vida tiene su precio. Aquí, se prefiere hablar de “longevidad poblacional” en vez de usar el término más común, algo peyorativo, de “envejecimiento”.
Citas
Diego Rosselli

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